EL VERANO ES COMO LA BELLEZA,
DEMASIADO EFÍMERO.
(FRANCIS BACON)
Mensaje para quienes preguntáis cómo estoy (especialmente para el egregio Erasmus): me hallo bien, en fase plenamente estival, con los pensamientos plenamente dispersos, moviéndome un poquitín de acá para allá, procurando asentar el punto de partida (o de reenganche) a partir del cada vez más cercano septiembre.
Las fotografías con las que ilustro la entrada pertenecen, como las de todo este verano, a la obra Anfitrión, concretamente al acto V.
Y para que os deleitéis con un magnífica reflexión, rescato del corpus poético de Blas de Otero el soneto Ímpetu, incluido en la obra Ángel fieramente humano (1950). Masticadlo muy despacio, saboreando cada palabra.
Mas no todo ha de ser ruina y vacío.
No todo desescombro ni deshielo.
Encima de este hombro llevo el cielo,
y encima de este otro, un ancho río
No todo desescombro ni deshielo.
Encima de este hombro llevo el cielo,
y encima de este otro, un ancho río
de entusiasmo. Y, en medio,
el cuerpo mío,
árbol de luz gritando desde el suelo.
Y, entre raíz mortal, fronda de anhelo,
mi corazón en pie, rayo sombrío.
árbol de luz gritando desde el suelo.
Y, entre raíz mortal, fronda de anhelo,
mi corazón en pie, rayo sombrío.
Sólo
el ansia me vence. Pero avanzo
sin dudar, sobre abismos infinitos,
con la mano tendida: si no alcanzo
sin dudar, sobre abismos infinitos,
con la mano tendida: si no alcanzo
con la mano, ¡ya alcanzaré con
gritos!
y sigo, siempre, en pie, y así, me lanzo
al mar, desde una fronda de apetitos.
y sigo, siempre, en pie, y así, me lanzo
al mar, desde una fronda de apetitos.
Hasta pronto, perráncanas y perráncanos.
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