jueves, 23 de octubre de 2014



Pues sí... Como quien no quiere la cosa, y aunque no lo parezca, el otoño ya está aquí.

Aquí queda este poema, Alma ausente, de Federico García Lorca como muestra.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

En otro orden de cuestiones, continúo en el proceso de actualizarme en series de televisión en un momento en que se han juntado varias terceras temporadas: las de Homeland, Grimm y American Horror Story: Coven.

Por otra parte, he finalizado la quinta temporada de Crónicas vampíricas. A pesar de mi conocida querencia por el tema, la serie ya se ha convertido, según mi modesta opinión, en un más de lo mismo, y mi único entretenimiento consiste en contabilizar cuántos cuellos se parten a troche y moche (ante cualquier problema con alguien, rómpele el cuello y sal corriendo), y en apostar por quién puede morir y/o volver a la vida o la no-vida. De hecho, en uno de los contenidos extras, los mismos actores bromean acerca de estos temas, demostrando que se les escapan o difuminan los giros argumentales que juegan con dichas posibilidades. En fin, en cuanto supere la resaca de colmillos adolescentes, tengo previsto visionar la primera temporada de Los Originales, serie nacida a la penumbra de la anterior.

¡Hasta pronto! 

viernes, 26 de septiembre de 2014

CREO QUE LA ANSIEDAD QUE CIRCULA EN MI VIDA
NACE DE UN DESEQUILIBRIO
ENTRE LO QUE SOY Y LO QUE DEBERÍA SER.
MI ANSIEDAD NO SE ORIGINA EN UNA VISIÓN DE FUTURO,
SINO EN EL DESEO DE SUJETARLO A MI VOLUNTAD.
(HUGH PRATHER)

Dejo constancia, nuevamente, de mis incursiones tardías en las series de televisión.
De la cuarta temporada de The Walking Dead me quedo (¡qué disfrute en el preciso momento!) con los episodios dedicados a la reaparición Gobernador y su conclusivo asalto a la prisión en que se aloja el grupo de supervivientes protagonistas. También, y debido a otro orden de motivos, me resultó impactante el episodio llamado "La arboleda" con su tratramiento de la niña aprendiz de psicópata.

Además, desde finales de agosto, estoy visionando, de una tirada, todas las temporadas de Prison Break. Aún ando por los últimos episodios de la cuarta y última temporada, pero puedo constatar que, dentro de sus parámetros de serie de acción, los giros de guión resultan, en ocasiones, casi rocambolescos. No obstante, admito que las andanzas de los hermanos enganchan. Igualmente compruebo que, en la cuestión de eliminación de personajes, alcanza cotas tan elevadas como en su día lo hacían Perdidos o la anteriormente mencionada serie de zombies.

En cuanto a otros asuntos, el menda se encuentra en periodo de adaptación, sobre todo en lo referente a los intempestivos horarios que marcan su existencia.

¡Hasta pronto!

viernes, 5 de septiembre de 2014

ES EXTRAÑA LA LIGEREZA
CON QUE LOS MALVADOS
CREEN QUE TODO LES SALDRÁ BIEN.
(VICTOR HUGO)

Cada día más sorprendido...

Ahí queda este poema de Manuel Altolaguirre.

Maldad 

El silencio eres tú.
Pleno como lo oscuro,
incalculable
como una gran llanura      
desierta, desolada,
sin palmeras de música,
sin flores, sin palabras.      
Para mi oído atento
eres noche profunda
sin auroras posibles.      
No oiré la luz del día,
porque tu orgullo terco,
rubio y alto, lo impide.      
El silencio eres tú:
cuerpo de piedra.

Posdata para mi estimado Findecano: Aparte de que me alegro muy mucho de saber de vuecencia, agradezco tus recomendaciones. Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, como cualquiera de sus novelas, ocupa un lugar destacado en mi biblioteca personal. Y El Corsario Negro, de Emilio Salgari, me trae a la memoria algunos de los mejores momentos de las lecturas de mi (cada vez más lejana) adolescencia.

¡Hasta pronto! 

lunes, 25 de agosto de 2014

TODO CONCLUYE, PERO NADA PERECE.
(SÉNECA)

¡Qué poquito, qué poquito queda...!

Varios libros han pasado por mis manos durante estos días estivales: concluí la estupenda cuarta entrega de Canción de hielo y fuego: Festín de cuervos, de George R. R. Martin, y acabo de iniciar la quinta, Danza de dragones; y comencé y aparqué Las aventuras de un chino en China, de Julio Verne, y el Diario de Ana Frank. Ya las retomaré con tranquilidad. 

El caso es que me apetecía dejarme acompañar de algo mucho más liviano y fácil de leer y cuyo argumento girara en torno a lo fantástico y/o terrorífico. Así que aproveché la oferta ofrecida en el escaparate de una librería y adquirí la enorme novela de un antiguo conocido que en su día (cosas de la edad) me atrapó con muchas de sus piezas clásicas: La cúpula, de Stephen King. Las mil y pico páginas de la narración se leen en un santiamén, lo cual se agradece; por ellas pulula, si bien se echa en falta al consabido escritor y/o profesor traumatizado, una multitud de personajes de caracteres muy arquetípicos de esta clase de obras (el del malvado segundo concejal resulta divertido por lo simplón); y, como ya es habitual en él, el autor parte de una interesante idea que acaba por desarrollar de una forma poco fructífera y que concluye con otro de sus habituales remates apocalípticos. Ah, y sin que falte la merecida reflexión: no hay que jugar con las hormiguitas.

En definitiva, un libro de consumo, ligero y apropiado para estas fechas u otras similares. 

Más suerte para otros productos, míster King.

¡Hasta pronto!  

martes, 29 de julio de 2014

AQUEL QUE QUIERA CONSTRUIR TORRES ALTAS,
DEBERÁ PERMANECER LARGO TIEMPO EN LOS FUNDAMENTOS.
(ANTON BRUCKNER)

Mi puesta al día en series de televisión se caracteriza por ser lenta y, casi siempre, cuando ya está todo dicho sobre ellas. Pero no creo hacer mal a nadie por ofrecer una somera valoración de mis últimos momentos de la ficción catódica. Así que...

Comienzo por la sexta temporada de TrueBlood, serie sobre vampiros (y si hay chupasangres ya me han ganado) y otros seres sobrenaturales. Aunque ya se le nota ciertas señales de desgaste, al menos me siguen sorprendiendo los desquiciados, viscerales y sexuales argumentos de la panda de Sookie Stackhouse, completamente ajenos a la línea argumental que la autora Charlaine Harris ofrece en las novelas en que se basa la serie. Me he divertido y espero con ansia la séptima y última temporada.

Un estupendo ejemplo de cómo con poco se puede ofrecer mucho: me refiero a la tercera temporada de la serie británica (en esto los ingleses son maestros) Luther. Sólo cuatro episodios para ahondar en la personalidad del policía caza-psicópatas componen esta magnífica tercera tanda.

Dando otro paso por esta zona, algo apenado me deja el final de uno de mis psicópatas favoritos, Dexter. Su séptima y última temporada contiene algún que otro pantallazo memorable (como el del trayecto en coche desde los Cayos a Miami que realiza una temible familia feliz), pero la serie ya estaba debilitada desde hacía bastante tiempo. No obstante, soy de la opinión de que el shakesperiano final no es el que se merecía este peculiar hombre de la sangre.

Por su parte, y ya inmerso en su última temporada, el devenir de Breaking Bad no deja de ser también curioso. Vistas de un tirón las temporadas cuatro y cinco, comprendo su valorada aportación al género. Únicamente diré que es una de las series que más me ha inquietado y desazonado, a pesar de los abundantes salpimentados de humor sanamente ácido que aderezan la función.

Y, finalmente, la primera temporada de Homeland me promete (eso espero) igualmente encuentros futuros deleitables. Aunque los primeros episodios no acababan de engolfarme, el clima in crescendo del resto de los capítulos acabó por convencerme.

Bueno, ya está bien por ahora. 

¡Hasta pronto y que el verano os sea provechoso y dichoso!

martes, 15 de julio de 2014

 EL ENTRETENIMIENTO Y EL APRENDIZAJE
NO SE OPONEN.
EL ENTRETENIMIENTO PUEDE SER
EL MODO MÁS EFECTIVO DE APRENDER.
(HERBERT MARCUSE)

Me reafirmo en mi decisión para este periodo estival: pleno descanso, tanto a nivel mental como físico.

Ilustro esta entrada con otras tres imágenes de la última representación teatral, una adaptación bastante fiel de Tres sombreros de copa, de Miguel Mihura. Paso a comentarlas brevemente.

En la primera fotografía aparecen doña Pura (Marta Marruecos), la futurible suegra doña Sacramento (Leticia Nguyen) y don Rosario (José Manuel Fernández) reprendiendo a Dionisio (Adrián Polo) por haber descuidado durante unas horas la relación con su prometida Marga.
La segunda imagen, que se corresponde con la escena de la fiesta, ofrece en primer término a la cantante de ópera madame Olga (Andrea Polo) y a su pretendiente, el muchachote deportista Rodolfo (David López-Huertas), mientras este comprueba que han dado buena cuenta del contenido de la botella. Detrás de ellos, se encuentran doña Pura y una de las pizpiretas cabareteras, Carmela (Lorena Sánchez).

Y, por último, en la tercera fotografía aparece, casi de espaldas, un descubrimiento tardío para el mundo del espectáculo: José Luis Moya interpretando a Mariano, un surrealista cazador de nacionalidad alemana.  De perfil, si bien como público, igualmente aparece en la esquina inferior derecha Adrián Muñoz, uno de los mejores actores que han pasado por este grupo de teatro.

En la próxima actualización valoraré mis últimas incursiones en la lectura, el cine y las series de televisión.

¡Hasta pronto!

jueves, 3 de julio de 2014


EL SABIO USO DEL OCIO ES UN PRODUCTO
DE LA CIVILIZACIÓN Y DE LA EDUCACIÓN.
(BERTRAND ARTHUR WILLIAM RUSSELL)

Por fin, y a pesar de que constato que el tiempo ha pasado más que volando, llega el ansiado periodo vacacional. Objetivo para estos días: además de gozar de momentos con mi gente querida, mucho, mucho, mucho descanso y ser vapuleado por la lectura y el cine. Aquí queda dicho.

Os dejo también constancia, con las fotografías superiores, de la última obra que he llevado al escenario: una versión (esta vez bastante fiel) de la comedia del absurdo por excelencia de nuestra literatura: Tres sombreros de copa, de Miguel Mihura. Por cierto, debo afirmar que ha sido, quizá, una de las obras cuyo resultado final más me ha satisfecho.

En la primera imagen aparecen Dionisio (Adrián Polo), el protagonista de la obra, junto a don Rosario (José Manuel Fernández), dueño del hotel en el que éste se aloja la noche antes de su boda, y doña Pura (Marta Marruecos), hermana del segundo y personaje creado ex profeso para esta versión.

La segunda fotografía recoge el momento en que el bailarín Buby (Antonio Rodríguez), convertido a la sazón en un cubano de armas tomar, y Dionisio contemplan a la protagonista, Paula (María García), realizar malabares con los sombreros que dan nombre a la obra.

Y la tercera y última se corresponde con la escena del caótico baile que tiene lugar en la habitación de Dionisio, en la que se encuentran, entre otros, la cabaretera Sagra (Laura Moreno), el cazador alemán Mariano (José Luis Moya) y sus inefables conejos, doña Pura en pleno acto danzarín, la cantante de ópera madame Olga (Andrea Polo) -que en la obra original era una mujer barbuda- y el muchachote deportista Rodolfo (David López-Huertas).

Sólo me resta desearos también un verano espléndido y prometeros que pronto escribiré un poquito más.

¡Ah, y de regalo, el vídeo que testimonia los días que el pasado mes de abril vivimos en Londres!