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sábado, 12 de septiembre de 2009


HÉROES QUE QUERÍAN VOLVER A CASA,
PERO ERAN IMPULSADOS
POR EL ALIENTO DE LOS DIOSES
MÁS ALLÁ DEL MAR DE COLOR DE VINO,
EN PANZUDOS NAVÍOS,
ASTUTOS Y SUFRIDORES.
(GISBERT HAEFS)

Sin prisa pero sin pausa (topicazo para iniciar esta entrada), mi nueva etapa avanza. Me siento bien, y con ello basta para estos primeros días.

Los miércoles, cine. Motivo más que suficiente para que hoy os hable de una película que se estrenó hace ya un poco, pero que me viene como anillo al dedo para lo que estoy experimentando. Y es que la reservé para el momento.

Me refiero a la (venga, otro tópico) última joya de Pixar y Disney: Up! (2009), dirigida por Peter Docter y Bob Peterson. Ya le vale a esta industria (concepto que nunca olvido) que sea precisamente el género de la animación -supuestamente dirigida a infantes- el que nos ofrezca, con pasos casi seguros, algunas de los mejores filmes de los últimos años. Y ahora, a través de la historia del jubilado Carl (¿no os recuerda su físico al del actor clásico Spencer Tracy?) y del orondo niño Russell, nos encontramos con un perfecto ejercicio de narrativa y técnica cinematográficas. Como botón de muestra, tan sólo mencionar los escasos cinco minutos con los que se nos cuenta (de una forma magistralmente sintética) toda una vida: la de Carl y su esposa Ellie.

No obstante, yo voy a centrarme en la lectura que le he dado al largometraje, sin omitir que habrá otras interpretaciones más válidas, puesto que la película es rica en sugerencias.

La moraleja que yo extraigo, tal y como refería antes -muy en consonancia con lo que se vive en cada instante-, apunta a que la existencia, ya de por sí y aunque no nos lo creamos, es una continua aventura ante la que únicamente hay dos opciones: estancarse o progresar. Si la persona se estanca en la aventura, la rutina devendrá en frustración, cansancio y falsedad. Por el contrario, si se decide progresar, a pesar de las dificultades que se hallen en el camino, se alcanzará la meta soñada.

Pero ¡cuidado! (y esto es lo que interpreto desde la película): solemos lanzarnos a la nueva aventura arrastrando todo lo que pertenecía a la aventura anterior (un colorido hogar elevado por los globos de la ilusión), y finalmente, sólo nos salvamos de las contrariedades si somos capaces de "tirar la casa por la ventana", de sacrificar lo que en verdad ya no está y que se ha convertido en el lastre que creemos que nos justifica. La clave (y siempre sigo en la película) es comprender que la anterior aventura, tan positiva como la que nos pudiera deparar el futuro, concluyó y que aquí y ahora se inicia otra etapa, otras páginas del álbum que llenaremos de fotografías y comentarios que darán testimonio de nuestra felicidad.

¡Ah! Y añadiría algo más: dejemos todavía en ese álbum muchas páginas en blanco. La nueva aventura envejecerá y será necesario buscar un novedoso horizonte. Ítaca se encuentra donde está Ulises y no al revés.

Hasta pronto, perráncanas y perráncanos.

martes, 14 de julio de 2009


HAY BLANCOS LIRIOS, VERDES MIRABELES
Y AZULES, GUARNECIDOS ALHELÍES,
Y ALLÍ LAS CLAVELLINAS Y CLAVELES
PARECEN SEMENTERA DE RUBÍES.
(PEDRO DE ESPINOSA)

Admito que la cita escogida para hoy resulta un tanto empalagosa y cursi, pero así contrasta con la imagen superior que os ofrezco: el trocito de Alhambra del que disfruto desde el ventanuco de mi nuevo habitáculo sazonado con un mamotreto de edificio que poetiza el paisaje.

Pues sí, perráncanas y perráncanos, ya he tomado oficialmente posesión de mi domicilio granadino. Y lo he efectuado como un ocupa de pro: cuatro trastos y un colchón hinchable para pernoctar. ¡Qué dos días de calor intenso, de aquí para allá en este, por ahora, traslado virtual, mientras se hilvanan detalles para que el arranque de septiembre devenga en un acto lo menos oneroso posible! Menos mal que la noche resultó fresquita y reparadora.

También conozco ya mi nuevo centro y a algunos de mis futuros compañeros de labor. El instituto Bulyana, sito en Pulianas, es muy pequeñito y nos vamos a encontrar como en familia (espero que bien avenida). Se encuentra todo rodeado de campo y es muy recogidito y cuco. No digo más, que luego todo se sabe.

En definitiva, dos jornadas intensas que la próxima semana se multiplicarán porque ya llega el momento de cargar con todos los trastos viejos y, junto con la llegada de los nuevos, acoplarlos al nuevo espacio. ¡Qué ganas de verlo casi todo en su emplazamiento!

Me despido con una postdata cinematográfica. Si queréis disfrutar de una comedia sarcástica, ácida, destructiva y esperpéntica, no os perdáis Bruno, con el inconmensurable Sacha Baron Cohen dirigido por Dan Mazer. Si Ali G anda suelto y, sobre todo, Borat os gustaron, con este filme el tándem riza el rizo y nos ofrece un producto desmadrado y crítico que puede ser calificado tanto de magistral como de horrendo. Las aventuras de este reportero gay austriaco no dejan títere con cabeza en su retrato de la superficial y desorientada sociedad occidental: el mismo personaje es hijo de su tiempo y su único aliciente es triunfar siguiendo el camino de los modelos sociales contemporáneos. El filme ofrece momentos cumbres y desternillantes, como el papel de mediador que asume Bruno entre judíos y palestinos; su afán por adoptar y educar a un niño africano (la llegada al aeropuerto y su posterior presencia en un talk-show provocando a los allí presentes resultan antológicos); su enfrentamiento con una dominatrix que pretende llevárselo a la cama; o cuando recibe adiestramiento en artes marciales para defenderse de un consolador. Ningún gag tiene desperdicio, en serio. Incluso, a veces, en este juego resulta complicado distinguir qué separa lo puramente ficticio de la realidad. Pero que quede igualmente claro que si lo vuestro es lo políticamente correcto y que os violenta la ausencia de pudor, debéis absteneros de visionarla. Las mentes decentes pueden sentirse incómodas, como casi todas las víctimas de las hazañas de Bruno, un amplio panorama de la sociedad occidental (en especial la americana) que se considera la abanderada de una moral levítica. Manifestado se halla.

Nos vemos, perráncanas y perráncanos insignes.