
HÉROES QUE QUERÍAN VOLVER A CASA,
PERO ERAN IMPULSADOS
POR EL ALIENTO DE LOS DIOSES
MÁS ALLÁ DEL MAR DE COLOR DE VINO,
EN PANZUDOS NAVÍOS,
ASTUTOS Y SUFRIDORES.
(GISBERT HAEFS)
Sin prisa pero sin pausa (topicazo para iniciar esta entrada), mi nueva etapa avanza. Me siento bien, y con ello basta para estos primeros días.
Los miércoles, cine. Motivo más que suficiente para que hoy os hable de una película que se estrenó hace ya un poco, pero que me viene como anillo al dedo para lo que estoy experimentando. Y es que la reservé para el momento.
Me refiero a la (venga, otro tópico) última joya de Pixar y Disney: Up! (2009), dirigida por Peter Docter y Bob Peterson. Ya le vale a esta industria (concepto que nunca olvido) que sea precisamente el género de la animación -supuestamente dirigida a infantes- el que nos ofrezca, con pasos casi seguros, algunas de los mejores filmes de los últimos años. Y ahora, a través de la historia del jubilado Carl (¿no os recuerda su físico al del actor clásico Spencer Tracy?) y del orondo niño Russell, nos encontramos con un perfecto ejercicio de narrativa y técnica cinematográficas. Como botón de muestra, tan sólo mencionar los escasos cinco minutos con los que se nos cuenta (de una forma magistralmente sintética) toda una vida: la de Carl y su esposa Ellie.
No obstante, yo voy a centrarme en la lectura que le he dado al largometraje, sin omitir que habrá otras interpretaciones más válidas, puesto que la película es rica en sugerencias.
La moraleja que yo extraigo, tal y como refería antes -muy en consonancia con lo que se vive en cada instante-, apunta a que la existencia, ya de por sí y aunque no nos lo creamos, es una continua aventura ante la que únicamente hay dos opciones: estancarse o progresar. Si la persona se estanca en la aventura, la rutina devendrá en frustración, cansancio y falsedad. Por el contrario, si se decide progresar, a pesar de las dificultades que se hallen en el camino, se alcanzará la meta soñada.
Pero ¡cuidado! (y esto es lo que interpreto desde la película): solemos lanzarnos a la nueva aventura arrastrando todo lo que pertenecía a la aventura anterior (un colorido hogar elevado por los globos de la ilusión), y finalmente, sólo nos salvamos de las contrariedades si somos capaces de "tirar la casa por la ventana", de sacrificar lo que en verdad ya no está y que se ha convertido en el lastre que creemos que nos justifica. La clave (y siempre sigo en la película) es comprender que la anterior aventura, tan positiva como la que nos pudiera deparar el futuro, concluyó y que aquí y ahora se inicia otra etapa, otras páginas del álbum que llenaremos de fotografías y comentarios que darán testimonio de nuestra felicidad.
¡Ah! Y añadiría algo más: dejemos todavía en ese álbum muchas páginas en blanco. La nueva aventura envejecerá y será necesario buscar un novedoso horizonte. Ítaca se encuentra donde está Ulises y no al revés.
Hasta pronto, perráncanas y perráncanos.

